Es perfecta para todo el mundo, especialmente para los chiquitos, tan
perfecta para ellos que los más grandes podrían hartarse de caminar y
caminar playa adentro y que el agua apenas les roce los tobillos. Pero
una vez se avanza, comienzan varios niveles de honduras para que una decida el que mejor le convenga.
Los árboles de los extremos ofrecen mucha sombra y las piedras y raíces dejan colar las aguas de un río subterráneo que parece desparramarse por toda la playa, a juzgar por los minúsculos borbotones que brotan y hieren la arena.
Las olas llegan a la orilla de forma imperceptible, pero si una se queda mirándolas, nota que la marea las arrastra tierra adentro suavemente, como un lento, tierno y delicado beso…
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